Vení lluvia

Vení lluvia, regá esta tierra, que se hagan lagunas y posos los agujeros que cavé, haz un milagro con las fuerzas que se fueron, que venga vida en cada gota, que nazcan arbustos, plantas, flores, árboles, frutos… que halla en fin, una fuente y un lugar para tantos seres como los que brotan donde encuentras tu descanso y reposo.

Vení lluvia, regá esta tierra, quisiera dormir en el verde que se tiñe al humedecer los campos. Dejame tender una amaca en los milagros que surgen con tu presencia, esos que dan frutos y sombra, este nuestro techo de ramas y hojas, estos troncos que nos sostienen la existencia que respiramos.

Vení lluvia, vení conmigo y humedecé este corazón con tus lagrimas de cielo, vení con ese sonido de tus gotas en el polvo, dame olor a tierra mojada, dame la sensación esa de encontrar palabras en el ritmo que provocan.

Vení lluvia fresca, y limpia todo este sinsentido que he creado con esta tendencia de cavar y cavar, y cavar.

Hacé el milagro de venir, dejá que meta mis manos en las primeras pozas y beber, dejá que alce mi rostro y sienta tus gotas. Quiero acurrucarme por un momento y fundirme con la tierra con la esperanza de hacerme jardín, pasto, o un árbol.

Vení, llevate mis viejas construcciones con tu viento recio, me voy a construir de nuevo. Vení lluvia, regá esta tierra, vení conmigo.

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Palabras atoradas y una petición

Tengo muchas palabras atoradas en algún lugar, conteniendo sentimientos, ¿acaso en la mente? ¿El corazón? ¿El pecho? ¿La guitarra que no he querido tocar? ¿La incertidumbre? ¿En la identidad que de repente desconocí? ¿La reflexión que no termina? ¿En esa decepción que tuve al descubrirme tan terriblemente humano?

¿Qué se puede decir cuando se pierde la fe? No en tus grandes convicciones, sino en tu capacidad de seguirlas. ¿Te ha pasado? ¿Te han sobrepasado los conceptos de tu propia fe?

Como cuando creés en el perdón pero no podés perdonar, o creés que no necesitas mentir pero te cachas mintiendo, como cuando te indigna la injusticia pero un día te descubrís descaradamente injusto, ahí dónde podrías ocultarlo para todos menos para vos.

Tengo momentos donde me gustaria arrojar con palabras y gritos al aire todas estas contradicciones que me están envolviendo en capas y muros con la esperanza de encontrar libertad.

Quiero vomitar el pesimismo que ando en las entrañas porque me está deshaciendo la esperanza y desvaneciendo el brillo de los ojos.

¿Alguien puede ayudarme a ver algo más concreto que las palabras?

Quiero tocar la verdad para abrazarla, literalmente, quiero un lugar firme donde poner los pies, quiero meter los dedos en las manos del Jesús resucitado. Quiero que me encuentre esa luz segadora camino a Damasco, o hablar con ese extranjero cuando me invade la desesperanza de los senderos de Emaus, quiero ver cómo se abren los mares y encontrar la manera de cerrarle la boca a tanto gigante gritándome que tengo un Dios que puede cambiarlo todo; menos a mí.

Un día a la vez, concédeme una fe menos abstracta y más cotidiana, una que transforme de a poco esta realidad que habita mi piel, éstos hábitos, éstas contradicciones, pues soy un inconforme, estoy insatisfecho… armonizá con tu paz que sobrepasa el entendimiento, ayudame a desatorar todas esas cosas que todavía no logro resolver en mí para fluir, entrá, vení, que te abro la puerta, aquí está mi mesa, hablemos de las cosas que no he querido soltar, y las que sabés sólo con mirarme, pero dame fe, dejá que pueda palparte aquí… vení con tu luz, vení como extranjero, hacé arder en la conversación mi corazón, vení, y ayudame a vencer estos gigantes, vení, mostrá la fuerza de tu amor dándome fuerza para amarte y amar a mi prójimo, vení, sólo vení, que tengo muchas palabras atoradas en algún lugar.

Abrazar

Llega un momento donde no bastan las palabras, aunque sean bien articuladas, aunque se hayan tomado el tiempo para construirlas con belleza, y uno puede entrar a mundos extraordinarios y oraciones que tienen la capacidad de abrazar corazones, pensamientos que saben como llegar a las profundidades del alma, ahí donde se transforman en ideales, en sueños, en velas que empujan acciones.

Pero hay momentos donde las palabras solo son palabras. No sé qué es exactamente, tal vez es uno el que ha dejado de creer, entonces no es problema de las palabras sino de uno, que ha escuchado tantas palabras. Que ha visto desfilar las mejores construcciones, las mejores historias. ¿No te pasa que has abrazado una que otra palabra tan fuertemente que te fuiste por momentos? ¿No te pasaba que antes leías algo y llorabas?

¿Te pasó alguna vez que no quisiste decir una palabra porque tenías miedo de gastarla? ¿O que te dijeron algo y el eco duró muchos días? O te lo escribieron y no podías creértelo, y leías una y otra vez, ¿recordas?

¿Alguna vez soñaste que alguien te decía esa palabra? O pues, va, seguro te pasó algo así; ¿No es cierto que su nombre llegó a ser tu palabra favorita? Esa necesidad de escribir su nombre junto al tuyo, o de escribir su inicial, esa letra maravillosa que se vinculaba tan estrechamente con el sonido de su voz, o su mirada, o el color de su piel.

¡Santos cielos! Cuando uno hace esos códigos, esas palabras que solo tienen un significado para ella y vos.

O ese montón de palabras en el silencio.

¿Me explico?
¿Qué sentido tienen las palabras ahora?
Llega un momento donde no bastan las palabras.

Mira, yo también deseo que un día te rebasen los sentires en el pecho, tanto que trates de explicarte y no encontrés la manera.

Es que saber, saber qué ondas con todo esto. Eso es, ya cuando uno se siente perdido lo mejor es el silencio. Uno aprende a resignificar las palabras en silencio.

Ah si, cuando ya no bastan las palabras hay que irse, porque pues, ya se dijo todo. ¿Qué más da?  Si, resignificar las palabras.

Por eso te digo, quizá llega un momento en que hacer en silencio sea la palabra mas sensata, la más justa, a veces callar es lo que hay que decir con la vida entera.
Que esas dos palabras sagradas también se dicen en silencio, con ese mero hecho de irse, de adelantarse la retirada para darle lugar al amor que ha de ser sin uno.

¿Me entendes?
Ya pues, como te dije, llega un momento donde no bastan las palabras.

Cuando la mires abrazala, y cuando me mires ido, en silencio, abrazame, esto será tu gran verso en este poema.

Frente al aborto

Ante todo esto: “Yo no puedo hacer que no querrás abortar alguna vez, no puedo imponerte mis credos, y mucho menos juzgarte por querer hacerlo.

Pero si te puedo asegurar, como hombre que soy, que lucharé con todo lo que soy, contra mi propia humanidad, contra mis impulsos, que jamás contribuiré con un aborto.

Que no pondré a una mujer en esa situación, que cuidaré y respetaré; respetaré su cuerpo, la cuidaré de mí con honestidad y dominio propio, con prudencia, y en última instancia, que no abortaré primero.”

Pensando que somos estas nuevas masculinidades…

Memoria de un día en el EFO

Vivo entre la agitación de mi mundo interno, y mi realidad externa. Adentro hay un tipo egoísta siendo enfrentado con los valores de un reino. Afuera la tragedia humana intentando ser sociedad bajo el manto de una bandera -democrática-;  buena representación  del más grande estandarte en el actuar de todos, el ego.

Estamos en un tiempo donde las personas  no creen que haya más verdad que la que conviene.

Así estamos en el Encuentro de Formación de Obreros (EFO) en Panamá, en medio de tantas realidades duras en Latinoamérica, estudiando y capacitándonos en la verdad del evangelio del amor, nuestro llamado, motivación  y tarea: queremos discernir nuestra vocación de servicio, profundizamos en el efecto de la Palabra en medio nuestro, estamos siendo desafiados a ir con plena convicción a nuestros campos de misión en forma de comunidades que porten Palabra que transforma individual y colectivamente.

Esta semana ha sido intensa, porque no es fácil escuchar a Pablo proponiéndonos ser esclavos de Jesús, dispuestos a asumir los sufrimientos de la cruz, no es fácil en la lucha con uno mismo ¿me explico?…

Uno tiene que ser realmente libre, muy libre para amar como Jesús, tan decidida y activamente, solo su palabra puede hacer eso en nosotros y nuestros estudiantes.

¿Qué significa que 45 jóvenes estén en un espacio de formación integral de la palabra en un contexto como Latinoamérica?
¿Qué significa esto para mí?
Lo estoy descubriendo, y solo sé que está  siendo determinante en este caminar con Dios.

Eso que no te han dicho

Escribí esto a un amigo. Creo que dice mucho del día de hoy. Lo guardaré por aquí.

 

Esta vez me quedé pensando mucho… ni siquiera sé como explicarlo, pero fue bueno. Siempre es bueno ver como otros leen tu camino, y esta vez por una pregunta que hice pude ver como me ven… si fuera una lectura lejos de la realidad, sería muy fácil desecharla, pero cuando ves de alguna manera lo que ven, te causa una sensación extraña de dolor… es como un “sí, yo también lo puedo ver” que te da en algún lugar sensible, ahí en el fondo.

Cuando regresé venía pensando que hay algo que nadie te dice cuando haces una conversión; que la transformación duele, “que cambiar de estrella” (no sé si te he hablado de esto) tiene el costo de mirar a la estrella donde estuviste y saber que ya no sos de ahí, y mirar la estrella donde estás, y tampoco sentirte completamente parte de aquí… hoy sentí ese tipo de dolor.

Ni usté ni yo

Y cuando ya se acababan las palabras, como si le fuera revelado,

volviendo de sí, le dijo:

Yo creo que usté se hizo una ilusión y yo un prejuicio.

Finalmente,

ni usté con la ilusión pudo verme,

ni yo con el prejuicio pude verla.

No pudimos conocernos.