Contratexto de las bienaventuranzas /Mt 5:3-12

“Dichosos los de espíritu orgulloso, porque tienen un reino propio que imponer a otros.

Dichosos los exitosos, porque no necesitan consuelo de nada, ni de nadie.

Dichosos los soberbios, porque en su ambición serán los dueños de la tierra.

Dichosos los corruptos, porque serán otros los que tengan hambre y sed.

Dichosos los inclementes, porque desconocen el sufrimiento y el dolor de otros, incluyendo el suyo.

Dichosos los que no distinguen la pureza, porque encontrarán sus dioses en toda clase de placeres.

Dichosos los que hacen la guerra, porque serán llamados héroes, y serán como los dioses.

Dichosos los que persiguen a otros por sus propias causas justas, ellos ya establecieron su reino y gobierno.

Dichosos serán cuando los alaben y los sigan, y digan de ustedes todo género de cosas buenas, genuinamente, por sus causas.

Regocíjense y alégrense, porque ya tienen la gran recompensa de lograr lo que más les importa, así siguieron a otros que fueron antes que ustedes.”

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¿Qué será?

Hace mucho frío esta noche,

el sol furioso en el día.

Tengo arena

de este desierto en los ojos.

 

Solíamos reír cuando la luz

se colaba entre las ramas

con la frescura de aquella esperanza.

¿Hace cuánto que vimos un árbol?

 

¿Que será de tu pueblo

sin tu sombra en el día

y tu fuego en las noches?

 

Entre el mar y la espada

¿Quién puede trazar esperanzas?

 

¿Qué será de nosotros

si no partes el mar

de nuestras dudas y certezas?

 

Quiero mirar en las estrellas

de esta noche

la alegría aquella

que nos daba tu promesa.

 

Que mientras los vientos

azotan nuestras lanchas

tú nos confias un arca.

¡Vengan! Nos llamas

caminando sobre el agua.

 

¿Quién puede dar un paso más

entre las olas y el viento?

 

¿Qué será de nosotros sino

extiendes tu mano y nos salvas?

 

¿Qué será de nosotros

sin tus palabras de vida?

 

¿Qué será?

¿Qué será Señor de nosotros

sin tu presencia en la historia?

¿Qué será?

 

 

Qué será Señor?

31 de diciembre 2013

Un día como hoy, escribí esto.

Estos días son así, talvez el corazón se pone más sensible, talvez al cerrar el ciclo se acumulan sentimientos, talvez son muchos eventos importantes en unos pocos días, talvez es un momento que nos da la sensación de que se enfrentan el pasado y el futuro más que nunca…

Y así, flotando entre tantas cosas en la mente y el corazón, en medio de la algarabía de los pensamientos hago silencio, silencio…

Y me encuentro deshilando un pensamiento…

La vida podría explicarse muy bien como un caos armónico, una explosión ordenada, un juego pirotécnico calculado con precisión en sus colores, y su forma. La vida es, y ahora mismo está sucediendo, mientras escribo hay miles de acontecimientos complejos por cada rincón, a fuera en el mundo y dentro en mi mundo, en el tuyo. Cada tecla que marco para completar una palabra es energía.

Es increíble que estés leyendo ahora y podas entender lo que hace solo un momento era un pensamiento, como los muchos pensamientos que tenemos, a cada momento.

La vida es un milagro constante porque nuestro cuerpo es frágil, es muy fácil morir. Pero vivimos ahora y esto es un regalo.

Hace poco nuestra sociedad celebró un acontecimiento realmente asombroso, único y milagroso. Muchos, aunque celebran no lo recuerdan, no lo asimilan, no les importa, como tantas otras cosas que son importantes. Hoy, a pocas horas de recibir el inicio de un nuevo año quiero recordar nuevamente ese acontecimiento, el nacimiento de Jesús en la tierra, el Hijo de Dios en un cuerpo mortal, frágil, introduciéndose a la vida de la humanidad. Si la vida por sí misma es un milagro y un regalo ¿cómo podemos clasificar este acontecimiento?

Tienen que acecharnos las preguntas, tienen que abordarnos los pensamientos al respecto, no deberíamos pasar la vida sin resolver el misterio de su venida, sin aclarar el significado de su nacimiento para la humanidad…

La vida es, y ahora mismo está sucediendo y mientras escribo y vos lees, ahora, en este preciso momento, hay cosas que están pasando movidas por la misma fuerza de aquel que se hizo humano una vez. Talvez su vida y su muerte tienen un significado para todo lo que tiene vida en la tierra y en el cielo.

Talvez incluso la llegada de un año más, tiene un sentido más amplio y verdadero en el marco de esta buena noticia que ha recorrido los años de historia para llegar a nosotros y a cada vida en particular, y ¿Qué tal si sus palabras diciendo que – vino a dar vida y vida en abundancia- podrían contener la esencia de una vida que hasta hoy hemos dejado pasar? Después de todo, sus palabras fueron para los que ya tenían vida ¿es que acaso hay otra vida?

Quizá si exploramos y profundizamos más en su mensaje nos encontremos que tiene que ver con nosotros y con lo más cotidiano de nuestra vida.

Hoy, que generalmente es un día de reflexión porque termina la vuelta al sol y comienza de nuevo, quiero recordarte a vos que te animaste a leer hasta acá, que Jesús no es una historia bonita de un tiempo remoto, Jesús es un presente continuo que tiene que ver con este momento, con cada momento, que Él es en todo, como todo es en Él, y por lo tanto la esencia de nosotros está en Él. Entonces este caos armónico, esta explosión ordenada tiene su origen y fin en él.

Pequeña audaz 

Había visto lo suficiente como para saber que los niños eran muy tímidos en esa aldea.
Pero ella no, se quedó en el camino y me miró fijamente. 
Hola- me dijo cuando me iba acercando.
Hola- respondí, sorprendido de su voz firme y su actitud. 
¿A dónde vas? Preguntó
Voy camino a puerta del cielo, y luego a la plaza, me dijeron que ahí venden comida. Es por aquí ¿verdad? 
Si, es por ahí, recto, señaló.
¿Cómo te llamas? le pregunté.
Marisbela
¿Marisbela? 
Si, me dijo.
Yo soy Jhonny.
Vi que su mamá la observaba, me sonrió. Sospeché que su mamá sabía que su hija es audaz. 
Adiós Marisbela dije, 

adiós respondió, aunque para mí se quedó más tiempo, la llevé en mi mente y quise retratar nuestro encuentro en palabras para no olvidarla.
3 de agosto 2017 

-Caminando por la Aldea Tiucoyg-

Me cuesta mucho seguirte Jesús,

tus pasos ágiles, 

tan libres del peso de esta humanidad.

Tú dices que puedo caminar sobre el agua, 

me dices que vaya,

pero la verdad es que los vientos y las olas,

son más fuertes que mi fe en ti.

Yo te puedo ver,

¡Pero es que mis pies se hunden!
No puedo comprender por qué me dices que tengo que dar la otra mejilla. 

No se distinguir cuando es momento de tirar las mesas del templo porque lo han profanado. No sé cuando deben pagar ojo por ojo y diente por diente los injustos, y cuando debo dar hasta el abrigo si solo me piden la camisa. 

¿Sabes lo difícil que ha sido para mí andar con dos ojos que se inclinan a caer? 

¿Con pies que se apresuran a hacer el mal? 

¿Con manos fuertes, ágiles para hacer maldad? 
No puedo con tus palabras Jesús, me hacen llorar. 
¿Cómo se supone que uno puede vivir con palabras de vida y al mismo tiempo llevando en uno mismo las contradicciones de una naturaleza que se inclina por los caminos de muerte? 
¿Cómo puedes decir que soy luz del mundo cuando puedo palpar mi oscuridad? 

¿Cómo puedes decir que soy sal del mundo, si el sabor de mi vida a veces no pasa de lo agrio a lo  incipido? 
¿Quién eres tú Jesús de Nazaret? 

Susana

La vi entrar y la reconocí. Se sentó a la par mía. De alguna manera había pedido la oportunidad de que esto pasara, entonces le hablé. 

Yo la conozco, estudiamos juntos -le dije-. 

Susana ¿verdad? (Fue tan genial que recordara su nombre. No sé cómo me vino a la mente en ese momento, porque no sabía que lo recordaba).

Si, respondió tímida y sorprendida. 

Estudiamos juntos en primaria. En la escuela del Sector 8, en Villa hermosa. ¡Fue hace tanto!  ¡Hace unos 20 años! Quizá no me recuerda. 

No, me dijo, no lo recuerdo. 

Está bien. Es que la otra vez usted subió a un taxi en el que venía, y me pareció conocida. 

No le dije que en el último tiempo la había recordado con culpa, deseando que estuviera bien, que de verdad estuviera bien. 

Me contó que trabajaba en Burguer, que vivía en la Reformita, que estaba casada y tenía dos niños. Me dijo que estaba feliz. Que su esposo era un buen hombre, que juntos trabajaban para sacar adelante a sus hijos. 

Le pregunté si había continuado con sus estudios. Solo pude terminar diversificado -me dijo-, yo sentí alegría de que haya podido estudiar, y en verdad quise que tuviera más oportunidades aún de seguir. 

Me dijo que era de San Marcos, que había vivido en Villa Hermosa con sus abuelos. Eso explicaba al menos un poco ese recuerdo que me vino un día. 

 Creo que era segundo, o tercero primaria. Es algo borroso todo. Solo sé que llego una niña que vestía de corte y güipil, era ella, Susana. Creo que era la única niña con su traje Maya, no lo sé, lo cierto es que recuerdo que a muchos nos parecía muy diferente, y que fuimos muy malos molestándola cuando llegó. Entonces esa escena, estamos murmurando, entonces alguien me dice que vaya y la toque, y yo voy, le tocó el hombro y salgo corriendo, todos se ríen y yo también. 

Después de eso no recuerdo más. Solo sé que no la vi más. ¿Qué pasaría con ella? ¿Siguió estudiando? ¿Fue la presión del grupo la que hizo que no llegara más a la escuela, o llegó pero no la recuerdo? 

Solo tenía este recuerdo, y su rostro, y su nombre, Susana. 

No pude contarle todo esto. Quiero contarle que un día alguien me hizo ver toda la belleza de los trajes mayas, quiero decirle que escribí una canción para la mujer indígena, que pienso que engalana nuestro país con su belleza, con su pelo negro, liso, con su piel morena, con los colores de su güipil, de su corte, de su perraje, de su corazón humilde y lleno de fuerza, de su sagacidad e inteligencia. 

Quiero pedirle disculpas, aunque en ese entonces ni siquiera sabía lo que hacía,  quiero cantarle Particularmente bella y decirle que gracias por ser valiente, por haber seguido hasta aquí, quiero decirle que admiro su herencia ancestral, su lengua materna, su coraje de avanzar con el viento en contra.

Me dijo que trabaja en Burguer, y estoy expectante de coincidir otra vez. 

“No entres a esta ciudad…”

Doña Fidelina no está,
en esa esquina donde el sol
siempre la encuentra,
y la deja vendiendo.

Me pregunto
si todo el que pasa o quien compra,
la ha visto cansada,
cuando cruza las manos
cierra los ojos
y duerme cabeceando
en las pausas,
de su venta ambulante.

Doña Fidelina tiene una hija…
apenas tres años de inocencia,
la he visto jugando al escondite
entre un basurero de concreto.
Es que ahí puede esconder su sonrisa curiosa,
su rostro manchado,
y toda la pobreza
que desconoce que tiene
en la ternura de su rostro,
y asomarlo juguetona
a la vista de todo el que pasa.

Y cuando Azucena duerme tendida
en el mismo suelo que es el paso de todos.
¿Alguien se pregunta si esto es normal?
¿Por qué una mujer con su hija vende en la calle?
¿Por qué una niña juega en un basurero?
¿Por qué doña Fidelina cierra los ojos cansada?
¿Dónde está ahora?
¿Qué ha pasado con ella estas cuatro semanas?

Doña Fidelina estaba embarazada,
la última vez que la vi
su vientre había crecido
lo suficiente para suponer
que es la razón de su ausencia.

Azucena miraba todos los días
a los sancarlistas pasar.
¿Pueden los sancarlistas mirarla también?
Doña Fidelina se pasaba todo el día en la esquina.
¿Alguien sabe que no está?

“No entres a esta ciudad del Espíritu
sin bien probado amor a la verdad
y a la libertad”(1)
Sigue diciendo una voz
en la misma calle donde a veces
juega y descansa Azucena,
donde entrecierra los ojos doña Fidelina,
cansada…

Y yo me pregunto
¿Qué vamos a hacer estudiantes?
¿Es todo esto normal?
Como doña Fidelina hay muchas mujeres igual
Y como Azucena también.

Tal vez,
sino cambian las cosas
cuando vuelva Fidelina
¿Traerá en sus brazos un niño, una niña?
¿En un futuro habrán dos niños jugando
en un basurero de concreto?

Azucena regresará un día,
y encontrará el mismo espacio
para hacer su venta en la esquina.

Azucena miraba todos los días
a los sancarlistas pasar.
¿Pueden los sancarlistas mirarla también?
Doña Fidelina se pasaba todo el día en la esquina.
¿Alguien sabe que no está?

 

 

1.- Fragmento de “UNIVERSITARIO”, en la entrada de la USAC. Dr. Carlos Martínez Durán. Rector de la USAC (1945-1950 y 1958-1962)