El areópago de humanidades

El areópago de humanidades


En Hechos 17 encontramos el relato de la visita de Pablo a la ciudad de Atenas, en Grecia. En el verso 16 leemos que el espíritu de Pablo se enardecía (RV60) al ver a los atenienses entregados a la idolatría. La palabra ‘enardecer’ significa tener un sentimiento muy intenso. La NVI dice que le dolió en el alma… Traté de pensar en este momento de Pablo: acababa de pasar por Tesalónica, donde unos judíos que rechazaron su mensaje juntaron una turba para sacarlo a él y a otros de la casa de Jasón. Al no encontrarlos, la turba tomó a Jasón y a otros hermanos, acusándoles ante las autoridades de encubrir a “estos que trastornan el mundo”.  A éstos, los acusaban a su vez de oponerse a los decretos de César, “diciendo que hay otro rey, Jesús.” Pablo y Silas huyeron entonces a Berea, donde predicaron a Jesús en la sinagoga de los judíos. El relato dice que éstos eran más nobles que los de Tesalónica, y escuchaban y analizaban el mensaje. Sin embargo, al enterarse de esto los judíos de Tesalónica, llegaron a buscarles ahí donde estaban y Pablo tuvo que ser enviado a Atenas. Así fue cómo llegó allí, y ahora su corazón estaba dolido por lo que veía en esta ciudad.
Es interesante que Pablo no veía primariamente pecadores, incircuncisos, idólatras, inconversos o perdidos en Atenas. No; tal vez si hubiera visto sólo eso, su corazón no se hubiera dolido ni conmovido. Lo que Pablo veía eran hombres y mujeres, personas, seres humanos con una historia y una personalidad. Hay una gran distancia entre estas dos perspectivas.

 

Pablo veía necesidad en estas personas; misma que un tiempo atrás seguramente él había sentido cuando perseguía a los cristianos. Pablo veía personas sin Dios; sin el Dios que le daba sentido y felicidad a su vida, sin este Dios de vida y esperanza que estaba con él y que un día había irrumpido en su vida para darle un giro a todo lo que conocía y creía. Creo que a partir de ese encuentro, Pablo deseaba que todos experimentaran esa felicidad que tenía y que había encontrado en la gracia de Dios. Creo que la gracia de Dios le hacía ver con amor a aquellos que veía lejanos del amor de Dios. Este amor de Dios le movía de tal manera que arriesgaba su vida predicando, por este amor estaba siendo perseguido, por eso estaba en Atenas, por eso le dolió verlos así…
Este miércoles, la Célula de Humanidades, acompañados por los obreros Byron e Isra, visitamos lo que he llamado el “Areópago de Humanidades” en la USAC.  Está en el salón 105 del S4 y cada miércoles se reúnen ahí maestros y estudiantes de Filosofía y Letras con el interés –al igual que los atenienses- de escuchar “algo nuevo”. Sospecho  que por eso no hay un tópico definido cada semana (el nombre ‘oficial’ de la actividad es el “Sin Tópico”).
En esta ocasión un profesor habló acerca de diversas teorías sobre el tamaño y la forma del universo. Un tema complicado, siendo para nosotros la primera visita. Un tema profundo y con mucho de Física, Química y Matemática. El profesor habló, entre otras cosas,  del universo con universos paralelos hasta el infinito, con once dimensiones y siete dimensiones interconectadas con un universo sombra. La teoría naranja. La teoría de las cuerdas. ¿Cuál es la forma del universo? ¿El tamaño? Traté de recordar los nombres de las posibles formas pero los olvidé. Se habló de las dimensiones de su tamaño, de lo que podemos observar con diferentes métodos acerca de su tamaño y lo que hay que suponer con teorías matemáticas. Debí llevar cuaderno y apuntar.

 

El final fue algo que podría decir que entendí. Una pregunta de nuestro amigo Eddy –la cual demostró naturalmente su habilidad filosófica para cuestionar- desató por alguna razón -creo que por algo referente al caos en la pregunta de nuestro filósofo geuista- la cuestión de Dios, a lo cual el exponente aseguró que para él, este tema quedaba resuelto con Santo Tomás (que escribe las Cinco vías para la demostración de la existencia de Dios) y San Agustín (que escribe la Prueba noológica de la existencia de Dios, entre otros escritos). El profesor agregó que el creacionismo no era contradicho en absoluto por las teorías que expuso sobre la forma y el tamaño del universo, pues sostenía que el creacionismo era cuestión metafísica mientras lo otro una cuestión científica que más bien podía completar el cuadro en su totalidad.  En ese momento, surgió otra pregunta de uno de los presentes, quien dijo algo así como: “pero sucede que la ciencia es un asunto de la razón y la razón no va con la idea del creacionismo, que es una cuestión metafísica que requiere fe. Estas cosas no van juntas” (Es mi paráfrasis de su argumento, espero no estar muy lejos de lo que fue). Entonces el exponente, algo extrañado por el comentario, responde algo así como: “La metafísica también es un asunto de la razón (leer Critica de la metafísica por Kant). Porque somos seres racionales nos hacemos preguntas y porque nos hacemos preguntas las resolvemos y para estas dos cosas usamos la razón. Son pocos los sistemas filosóficos que no trabajan de esta manera. En su mayoría, los sistemas filosóficos no encuentran la razón y la metafísica y la ciencia divorciadas.” Al escuchar esta respuesta tuve ganas de decir un fuerte “¡Amén!”, bueno, un fuerte “¡sí!” de esos que afirman algo que para nosotros es como una revelación.
Al salir del ‘Sin Tópico’ nos quedamos hablando un poco, riéndonos de nosotros quizá, y de cómo nos sentíamos ante semejante ola de información. Entonces se acerca Amner, un estudiante de filosofía que estuvo llegando hace un tiempo a los estudios bíblicos. Nos dice: “Muchá, qué bueno que vinieron al ‘Sin Tópico’, ¿todos ustedes son de GEU? Le dijimos que sí y él parecía gratamente sorprendido. Seguimos la conversación y nos dice, en su vocabulario de sancarlista (que modificare un tantito): “Puchis muchá, hoy sí se habló de un tema bien complicado” (en el Sin Tópico). Nos sentimos aliviados al escucharlo porque realmente a nosotros también nos pareció así, y si él lo decía significaba que no éramos los únicos desorientados en el salón. Al seguir la conversación notamos cierta curiosidad en Amner sobre GEU, le llamó la atención que quisiéramos asistir al ‘Sin Tópico’, “Yo he estado en otros grupos cristianos pero ninguno que se meta a estos temas o que haga lo que ustedes hacen” nos dice, y le contamos sobre las próximas actividades, (en una conversación posterior se mostró muy interesado nuevamente en las actividades ofreciendo también su apoyo). Luego de un rato, seguimos nuestro trayecto y Amner tomó otro camino. Entonces nuestro querido Isra nos dice: “¿Lograron ver esto? Nuestra sola presencia ya es un testimonio.”
En ese momento pensé en Pablo,  y de cómo le gustaba entrar al mundo de todos, mezclarse con otros para conocerlos, escucharlos, observarlos y amarlos con esa gracia que recibió; y estando ahí con ellos, les hablaba de ese amor que le transformó la vida. Les revelaba esa verdad de la que, como expresa en algunos versículos, fue considerado digno de llevar.
En un momento, estando ahí en el ‘Sin Tópico’, recuerdo que el exponente citó a Stephen Hawking, famoso científico ateo, que hacía un reclamo a los filósofos, casi enunciando una sentencia. Encontré la cita y ahora la comparto:
“Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en el que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador? La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por esas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante.

Tradicionalmente, ésas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimientos”.
Debo decir que me sentí aludido en esta sentencia para los filósofos. No porque sea filósofo, sino como cristiano. Más adelante Hawkins reduce el oficio del filósofo a una cuestión del lenguaje únicamente.
Entonces pensaba en nosotros los cristianos, y en la iglesia. En los últimos meses he estado explorando en Internet algunas páginas de ateos, escuchando sus reclamos y sentencias hacia la religión y el cristianismo. Luego de un tiempo de leerlos y escucharlos, quiero exponer una crítica que me parece el argumento más generalizado sobre la iglesia:

Durante mucho tiempo, la iglesia se ha ocupado básicamente de culpar a la humanidad, para luego exonerarla de su culpa. Y así en un círculo permanente.

Sé que hay muchas cuestiones en el medio de este argumento, tanto válidas como no. Entre ellas, una realidad inminente: la ‘Caída’. Pero gracias a Dios la verdad de su Palabra no se reduce a la Caída. Gracias a Dios podemos vivir sin culpa pues Él pagó el precio de nuestros males. Gracias a Dios que Él nos libra de nosotros mismos y su presencia nos perfecciona cada momento y Él está completando su obra y un día todo será perfecto. Gracias a Dios no es por obras para que nadie se gloríe. Gracias a Dios que cuando hizo la Creación afirmó que todo era bueno e incluso después de la Caída podemos ver esa bondad en la creación y en las personas.
Entonces creo que la iglesia, nosotros, tenemos que dejar de concentrarnos en condenar, porque no es nuestro rol hacerlo. No tenemos derecho. No podemos hacerlo de manera justa porque no somos justos. Nuestro Dios juzgará las acciones, las nuestras y las de los demás y determinará el lugar que corresponde a cada uno. Seamos portadores de la Palabra que redarguye y que juzga porque ella tiene poder en sí misma y no necesitará de nuestra opinión y nuestros argumentos para redargüir y juzgar. Nos corresponde hacer teología de las cosas en las que no hemos profundizado y llevar la respuesta bíblica a los problemas actuales. Dejemos también que sea el Espíritu el que convenza de pecado y seamos prudentes y sensatos cuando él quiera usar nuestras vidas para hacerlo.

Recientemente un adolescente de la iglesia a la que asisto, que está decidiendo sobre su carrera de nivel medio me contaba que estaba indeciso sobre lo que iba a seguir, no porque no supiera lo que quiere seguir, sino porque no contaba con los recursos para estudiar en un colegio privado donde dieran esa carrera, y su única opción ahora era la escuela normal para varones; realmente estaba desilusionado al contarme esto, porque consideraba que la escuela normal para varones era -un lugar de perdición- (y pensé en la USAC), no estaba entre las opciones recomendables para un cristiano. Comprendo muy bien que esto lo aprendió en la iglesia.

Hay una anécdota que me hizo comprender un poco la perspectiva que adoptamos nosotros como  iglesia para mirar al mundo y me hizo cuestionarme.  Por iniciativa propia había abierto un grupo familiar (donde hacíamos un pequeño culto y estudiábamos la biblia) en la casa de una vecina no cristiana (doña Lety) con la intención de evangelizar. Esta iniciativa curiosamente tuvo éxito porque doña Lety no era cristiana y además era (y sigue siendo) bien de ambiente, entonces los patojos de la cuadra se sentían en confianza y llegaban al grupo. Recién habían llegado dos chicas adolescentes a la cuadra y las invité, y llegaron. Llegamos a reunirnos 10  jóvenes adolescentes. Entonces un día una de estas chicas que recién llegaban a la cuadra y que se habían integrado al grupo me preguntó: ¿Por qué haces esto? Ella no era cristiana. Entonces respondí algo así como; pues creo que es una buena forma de evangelizar a quienes son inconversos, le dije tan naturalmente ingenuo. Y ella me preguntó un poco  ofendida ¿Qué es un inconverso? ¿Ósea que yo soy un inconverso? (Y esta pregunta, aunque no la hizo, la agrego porque se desprende de las primeras), ¿Ósea que lo único que querías era convertirme, evangelizarme?

Después de esto, aunque quise arreglarlo, no quiso ir al grupo por un tiempo, y tenía razón.

Quiero regresar a su primera pregunta y lanzarla para todos los que somos cristianos… ¿Por qué haces esto? ¿Por qué hacemos este tipo de cosas?

Ahora respondería distinto a ese entonces. Diría que la vida de Jesús y su historia tiene tanto que ver con nuestra vida y con nuestra historia que estos espacios para estudiarlo son cruciales para nosotros como personas. Diría que me gustan esos tiempos compartiendo con cada uno, porque cada uno tiene una vida y una historia hermosa. Diría que disfruto las amistades que se forman en estos espacios. Diría que aprendemos más cuando lo hacemos juntos. Diría que el amor de Jesús es tan grande que alcanza para todos nosotros y para que todos nosotros aprendamos a amarnos con nuestros royos tan distintos en cada uno. Diría que quiero crecer viendo como crecés.

No sé en qué punto nos arrímanos a los términos –técnicos- del cristianismo y adoptamos una postura separada del mundo; conversos, inconversos, salvos, perdidos, pecadores, los del mundo, los que van al cielo, los que van al infierno, cabras, ovejas, cristianos, no cristianos, todo separado y además antagónico entre sí. Lo que sé es que antes de cualquier clasificación técnico/religiosa, y cualquier antagonismo; somos seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios,  todos iguales, y que además estamos unidos por nuestra condición de inmerecedores de la gracia de Dios, todos iguales.

Sospecho que esta forma de clasificar de nosotros los cristianos a los que no lo son,  es un mecanismo egoísta que nos permite creer que estamos en una posición más justa que otros. Que somos más dignos que otros, que al final nuestra condición humana es más presentable que la de otros…  respecto a esto, quiero comenzar citando a los -hermanos del mundo- diciendo que “ser cristiano no te hace mejor persona, ni ser ateo más intelectual”….

Pero vamos a ver lo que dice el  Maestro de maestros, el  motivo y razón de que nos llamemos cristianos, el que realmente tiene autoridad y derecho para juzgar y condenar, a quien no se le hayó falta alguna, el que se humillo hasta lo sumo dejando su condición de Dios, el varón perfecto, el Hijo del Hombre dice estas palabras en Juan 12:46-49

“46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. 49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar”.

Pienso también en Pablo y su descripción en filipenses 3:5-“ 5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”.  De acuerdo a esa perspectiva dualista y separatista que ha adoptado la iglesia, con todas estas características, Pablo tenía muchos motivos para no entrar en contacto con una ciudad tan perdida como Atenas, pero gracias a Dios Pablo ya no era fariseo de fariseos, ahora era cristiano, fiel seguidor de Cristo. Creo que por esa razón tuvo compasión, esa compasión venía del amor por el cual Jesús vino al mundo, por eso nuestro Maestro de maestros dice que seremos conocidos como sus discípulos “cuando nos amemos los unos a los otros”.

Ojalá nuestros ojos sean llenos de amor y ya no veamos fundamentalmente pecadores, incircuncisos o perdidos, sino veamos humanos, hombres y mujeres que necesitan de esta verdad a la que por gracia hemos sido llevados. Y que, al entrar a la Atenas de nuestro mundo, nos conmueva el amor y desde nuestros lugares como estudiantes y desde nuestras profesiones compartamos a Jesús, y que seamos inquietados si no lo hacemos.

Ojalá seamos acusados de trastornar el mundo por algunos.

Ojalá, que como Grupo Evangélico Universitario (GEU) y como iglesia nos estemos dando la oportunidad y el privilegio de escuchar y aprender de nuestros hermanos del “mundo”, que no pensemos que ellos únicamente le están  dando vueltas a un asunto que nosotros ya sabemos y entonces no queramos escucharlos. Que no los veamos como una amenaza; porque si es así, si nos sentimos amenazados por el conocimiento que han adquirido, entonces debemos preguntarnos seriamente si tenemos una verdad, o si hemos profundizado lo suficiente en esta verdad.

Que nuestro Dios nos guíe en la misión de llevar a Jesús en la universidad de tal manera que sepamos escuchar y aprender cuando sea oportuno, que seamos capaces de hacerlo antes de hablar y que cuando hablemos sepamos qué decir. 

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