Sobre las aves y sus vuelos

Atardecer-de-pajaros-FN

Érase una vez un ave admirable. Que siendo admirable, era muy bien admirada. Unos admiraban su plumaje, otros su forma de volar, otros, lo hermoso de su canto. También estaban  los que le admiraban sin saber porque.  Posiblemente porque lo admiraban todo al mismo tiempo.

Entre este último grupo, estaba un ave silenciosa. Que siendo silenciosa, admiraba en el silencio. Lo curioso era que su silencio era tan evidente y casi tan sonoro que ponía en evidencia su admiración silenciosa, no tan silenciosa, como un susurro en una noche sin sonidos.

Al ave silenciosa le era imposible ignorar cada movimiento del ave admirable. Pero el ave silenciosa en su silencio, admiraba gustosamente. A veces deseaba romper el silencio y cantar tan fuerte, y que así talvez, podría ser admirado por el ave admirable.

Pero el ave silenciosa había aprendido con el tiempo, y con grandes amigos, que el silencio en estas situaciones, guardaba corazones y otorgaba mágicos momentos que muchos otros ya no entendían, y mucho menos  valoraban. A esos momentos, les llamaremos –amistad sobre todo-.

Estos preciosos momentos (los de –amistad-) eran naturalmente ellos en la vida. Es decir, se daban naturalmente, sin planificarse, entre las aves durante los diferentes vuelos, para hacer más hermosa la vida.

Pero en ocasiones, sólo en ocasiones, en un ave podría despertarse la admiración, y con esto el deseo de permanecer cruzando los cielos con el ave admirada, sin que el ave admirada compartiera la misma admiración y ese deseo de permanecer; como el ave que admira…

He aquí un conflicto. Es posible que todos los que ahora cruzan los cielos juntos hayan pasado por un conflicto similar. Con las excepciones de las afortunadas aves admirables que se admiraron al mismo tiempo.

En este conflicto, los momentos –amistad- se vuelven confusos y distantes, pues el corazón hace mucho ruido para dejar ver y escuchar. Es entonces donde hay que guardar silencio para dar lugar a los momentos –amistad sobre todo-, y  solo aparecerán si se guarda el corazón, si se hace silencio para escuchar, para ver, para compartir la vida.  El ave silenciosa estaba convencida de que estos momentos podrían revelar todas esas cosas que se necesitan para que dos aves puedan prepararse para unir su vuelo, su rumbo, su destino, su lugar… o tal vez no. Entonces guardó silencio.

Un día, para sorpresa de los dos.   Admiración del ave admirable, y nostalgia del ave silenciosa.

Entró a la escena otra ave admirable, que junto al ave admirable, se veían admirables. Y el ave silenciosa les veía cantar y volar admirablemente. -Como bien dijimos-, el ave silenciosa no podía ignorar al ave admirable, y ahora, tampoco la presencia de la otra ave admirable.

Sentía tristeza de no ser tan admirable, o de no verse  tan admirable con el ave admirable como cuando ésta volaba y cantaba junto a la otra ave admirable.

Pero talvez, más que eso, en el fondo, era nostalgia de no ser admirado por el ave admirable que él admiraba, por lo menos no así, como el ave admirable, -sospechaba el ave silenciosa-, admiraba a la otra ave admirable.

Entonces el ave silenciosa, pensó que talvez, también hay que aprender que no siempre se guarda silencio esperando romperlo algún día, con la esperanza de que suceda algo más de lo que naturalmente pasa. Que a veces lo que revelan los momentos –amistad sobre todo-  no son sino espacios que separan cada vez más el camino de dos aves. Que a veces hay que guardar silencio y permanecer en él.  Entonces hay  que alegrarse con los mágicos momentos que nos ofrece la vida junto al ave que admiramos -decía para sí-, aunque el corazón quisiera permanecer ahí. Hay que seguir volando y un día los vuelos son distintos. Hay que seguir volando.

¿Que más podríamos pedir?
Yo sé. Lo entiendo…

¿Pero que no ves ave silenciosa que tu vida para algunos es silencio mientras que para otros una hermosa melodía?

¿No te has percatado que algunos siempre pensaran que sos un ave silenciosa mientras otros dirán que sos admirable?

¿Que culpa tiene un ave de no poder mirar otra cosa que silencio en tu vida y que culpa tenes vos, de no poder hacer mas que silencio en la vida de otra ave?

Es que talvez no se propone ser un ave silenciosa, incluso cuando se decide guardar silencio. Es que de hecho guardar silencio, o bien cantar con fuerza, cualquiera de las dos,  te convertiría en admirable para el ave admirable con quien has de cruzar los cielos…

Hay que seguir volando melodioso y a veces silencioso, alto y bajo, hay que parar cuando sea necesario y un día, en uno de esos tantos vuelos nos sorprende la presencia del ave admirable que pensará que sos admirable incluso en las cosas en que no sos mas que silencioso.

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