Sorprendido y abrumado

En una semana como esta, en un momento de la historia… oriundo de Belén, un hombre humilde montado en un burro, es recibido en alabanzas, por aquellos que un tiempo después, le verían pasar cargando su cruz, la de ellos, la de todos…

Esta historia es horrible. Es macabra, horrenda. Seamos honestos. Es un buen hombre juzgado injustamente, es una muerte atroz. Nadie merece morir así. Nadie merece ser tratado así. La cruz es un símbolo de injusticia y dolor, es una señal de la degradación humana. Esta es una historia trágica. Este hito, esta cruz, que divide los tiempos, es un pasaje tan oscuro, tan intensamente oscuro, que hace eco en nuestros tiempos. Jesús fue crucificado. El hijo del hombre, el hijo de Dios, el Mesías, el Salvador… El ser humano más humano que todos, el hijo de Dios, Dios sobre todos, fue crucificado.

Esto no debería ser así. No debió ser así. Nadie debería gozarse con la muerte de otro. Nadie debería sacrificarse por la culpa de otros. Nadie debería solventar sus propios errores con la sangre de otro. La muerte de Jesús fue injusta. Nadie debería pensar que por su muerte (la de Jesus) sus propias injusticias quedan absueltas, y por esto, ser injusto y luego presentar sus injusticias en una -semana de purificación-, para calmar la conciencia de lo injusto. Nadie debería cargar una cruz en el cuello como una licencia de hacer lo que plazca. Nadie debería hacer la señal de una cruz para ser libre de su propia conciencia. Nadie.

Nadie debería celebrar una muerte, y más, una muerte tan injusta.

En cierto sentido nos gusta la idea de que otros paguen nuestras culpas. Nos gusta pensar que hay un Dios cuando se trata de ser perdonados. Nos gusta la idea de sacrificio cuando no tiene que ver con que seamos un sacrificio. Nos gusta la cruz cuando no la llevamos. Nos gusta la muerte de Jesús cuando se trata de salvarnos, pero no si se trata de morir juntamente con Él.

En una semana como esta, en la cosmovision cristiana, el plan de Dios para redimir a la humanidad, es concluido en una cruz.

Nosotros hicimos la cruz. Nosotros crucificamos a Jesús. Fuimos nosotros la causa de su muerte. Que fácil podemos olvidar estas cosas. Que fácil podemos ignorar que si hay algo oscuro en esta historia es nuestra propia oscuridad…

En el epicentro de tal desastre; sereno, inamovible, puro, sencillo… Jesús; justo, incorruptible, manso y humilde, valiente y poderoso, diciendo estas palabras:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. (Juan 10:14-18).

¿Quién sos Jesús de Nazaret?
¿Que estás pensando mientras te azotan y te hacen cargar la cruz?
¿Qué haces colgado en esa cruz?
¿Por qué llevas tanto dolor que no es tuyo?
¿Querías estatuas tuyas en las calles?
¿Querías que te cargaran en una imagen, en un anda, exhibiendo tu dolor?
¿Que los artistas recrearan este momento y los feligreses acudieran con devoción a observar, a cargar?
¿Querías una Guatemala religiosa?
¿Una Semana Santa?
¿Te gustan nuestras alfombras en el mismo suelo donde yacen historias de injusticia e impunidad?
¿Qué paso por tu mente cuando caíste sobre tu rostro, orando y dijiste: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras?
¿Quién sos Jesús de Nazaret?
¿Que estas pensando ahora, dos mil años después de este momento? ¿Valió la pena?
¿Cómo puedo yo, un ser humano corruptible, corresponder a la vida incorruptible que nos entregaste por amor?
¿Oímos tu voz, buen Pastor?

En medio de tanta oscuridad en nuestra historia, en nuestros tiempos, tu vida y tu muerte es una estrella en Belén, imposible de ignorar, atravesando las distancias y el tiempo…

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