De esas cosas que pasan…

Te admiro -le dijo-
la primera vez,
y ella guardó silencio.

Te admiro -le dijo- otra vez,
después de algún tiempo.
Y ella pensó que si cuando se admira,
se sufre,
preferiría no sentirse admirada
con tal de que nadie sufriera.

Te admiro -volvió a repetir-.
Quiero ser tu amiga respondió,
pero no en función de tu admiración por mí.
Podrías no admirarme
y yo seré siempre tu amiga.

No supo qué responder,
conmovido.

Significaba que todas las cosas que había sentido,
y había hecho en admiración por ella,
podrían faltar, podrían quitarlas;
y él siempre tendría una amiga.

La quiero pensó…
La quiero tanto… 
Y guardó silencio esta vez…

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