Te comprendo

Te comprendo, le dijo la palmera,
al tipo introvertido, meditabundo,
sentado a la orilla del mar.

Yo también recibo los fuertes vientos
del vasto mar.
Como las tardes serenas
de un cielo encantado.

A mí también me alcanzan las olas
y me inundan la vida.
También escucho los truenos,
y temo al relámpago,
en la tormenta de noche.

Yo también escucho el silbido apacible,
de las estrellas y la luna
reflejada en el mar.

Puedo contemplar los trazos
del pincel de Dios en mi cielo.
Y puedo escuchar su silencio rotundo,
cuando me envuelve la noche oscura.

A mí también me pega en el rostro
la tranquila brisa del mar.
Como el viento recio de un huracán.

Te comprendo, le dijo otra vez,
yo también tengo raíces
en suelo arenoso.
Yo también estoy más adentro,
que afuera.

A mí también me sacuden los vientos,
la vida, la calma… el alma.
A mí también me recorre la lluvia
en el rostro.
Y el cálido sol me sonríe cercano,
susurrándome vida…

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