La tranquilidad de una Laguna

Continuación de “Correr con un río en la mente”…

Cuando entré por primera vez al sendero me pareció hermoso, en realidad no sabía que lo recorrería seis veces… la primera vez me detuve a leer todos los letreros que me encontré en el camino, por lo que fue lento y placentero. La salida de la mañana del domingo fue corriendo y la segunda entrada la hice cansado, ya la frescura del río se me había quedado en una parte del camino, quizá con el sol abrazador, tal vez se la llevó uno de los carros que no me quizo dar jalón, el polvo del último tramo de terracería, o tal vez fue porque de pronto, mientras corría, se me vino la vida con todas las cosas que he dejado a medias. Las piernas me dolían un montón, andaba unos kilómetros en cada una, me pesaba todo; el sol, los carros, el polvo, también los años y el luto de evocar aquellas cosas que no pudieron ser, tantos sueños atrapados en algún lugar. He sido un trotamundos, he sido un soñador, ojalá pudiera sostenerme de estas cosas, ojalá contara en mi carrera, ojalá…

Comprobé lo que decían los letreros, este es un bosque subtropical, decía que de éste en particular, la riqueza no estaba en el suelo, sino en los árboles, en las hojas que iban cayendo y que formaban una capa en el suelo. Pude ver en el sendero un suelo blanco, y sobre él una capa negra que se había formado por las hojas y los años. Sentí el olor de los árboles, la brisa, ya no tenía calor, el sendero era fresco y tranquilo. Entonces pensé que quizá con las condiciones ideales, cualquier suelo podría tener tanta riqueza como este, dar tanta vida como este. Uno de los letreros decía que esta tierra no era buena para el cultivo, que si talaran los árboles y quitaran el bosque, tendrían una tierra infertil, entonces esta era una tierra infertil que las condiciones perfectas conviertieron en el hogar de tantas especies de animales, de tanta diversidad biológica, es una fabrica de vida, eso era ese lugar, una fuente de vida.

En mi primer día conocí a don Carlos, un anciano de unos 70-80 años, cuidaba celosamente (ya sabrán porqué) el parque ecológico Lachua, llevaba 17 años trabajando para el INAB como guardián de la Laguna… esa tarde del primer día dormí y en la cena conocí a dos chicas extranjeras que hacían su tesis ahí en el Parque, estudiantes de biología, tenían tres meses de estar en Guatemala y muchas preguntas sobre la capital y los guatemaltecos. Fue tan genial conversar a la luz de una candela, disfruté tanto esa noche.

Pues llegué otra vez a la laguna, tenía hambre, mucha hambre. Saludé a don Carlos, salí a correr le dije, ah bueno, por eso no lo vi toda la mañana respondió. Sí mire, me fui a conocer el río Chixoy. ¿Se fue corriendo? Sí, por eso tengo hambre. Comí con él, me dijo que estaba 15 días ahí, y 15 días en su casa. Que le gustaba estar ahí, que hablaba con los animales que llegaban a comerse la basura orgánica que ponía cerca de la cocina, especialmente a los tepezcuintles, que no tenían miedo cuando él estaba sólo. Me dijo que antes tenían el sistema de luz solar, que las baterías eran para 2 años y que habían durado 4 años porque ellos las cuidaban bien, que ahora tenía que ser cuidadoso con su horario porque a partir de las 6 ya no podía trabajar, no se mira nada decía.

Ojalá esté despejado hoy me dijo don Carlos, viera que en la noche hay una estrella que me gusta ver, porque se refleja en la laguna. Dormí un poco y regresé para el atardecer, también quería ver la estrella. Estaba solo con don Carlos, todos se habían ido. Bueno, eso creí. Cuando fuí a la Laguna para ver el atardecer, encontré que estaba un francés, Devi, súper alto, tez negra y una rasta bien chilera. Masticaba un poco el español, y me entendía si hablaba despacio. Estudiaba algo de negocios internacionales, vivía en París, era originario de una Isla, Candelaria (creo), estaba de vacaciones en Guatemala, y venía de San Marcos la Laguna, había llegado en la mañana, se instaló en el muelle sin decirle a don Carlos. Le dije que era importante avisarle a don Carlos que estaba ahí. Que posiblemente no lo dejaría dormir en el muelle, lo había escuchado hablar de esto. Me dijo que quería dormir ahí y no en una cabaña. Esto último sería el inicio de una aventura que nos haría reír hasta llorar.

Tal como dijo don Carlos, la laguna era el reflejo del cielo, las nubes eran hermosas, seguramente aparecería la estrella. De los lugares que visitaste en Guate, ¿cual es tu favorito? le dije a Devi; mmm.. este me dijo… he estado aquí toda la tarde, sólo. It’s magic, It’s so magic. Aquel era un desconocido, yo también, no sé a dónde se fueron las cosas con las que entré por segunda vez al sendero, los kilómetros recorridos, el polvo, los sueños atrapados, los años. En ese momento algunas hojas, como todos los días, estaban cayendo, la riqueza estaba en los árboles de un suelo infertil, ese suelo, que estaba cubierto de ese bosque, era el escenario de una tarde que un extranjero llamó mágica, en la tranquilidad de una laguna.

Continuará…

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