Susana

La vi entrar y la reconocí. Se sentó a la par mía. De alguna manera había pedido la oportunidad de que esto pasara, entonces le hablé. 

Yo la conozco, estudiamos juntos -le dije-. 

Susana ¿verdad? (Fue tan genial que recordara su nombre. No sé cómo me vino a la mente en ese momento, porque no sabía que lo recordaba).

Si, respondió tímida y sorprendida. 

Estudiamos juntos en primaria. En la escuela del Sector 8, en Villa hermosa. ¡Fue hace tanto!  ¡Hace unos 20 años! Quizá no me recuerda. 

No, me dijo, no lo recuerdo. 

Está bien. Es que la otra vez usted subió a un taxi en el que venía, y me pareció conocida. 

No le dije que en el último tiempo la había recordado con culpa, deseando que estuviera bien, que de verdad estuviera bien. 

Me contó que trabajaba en Burguer, que vivía en la Reformita, que estaba casada y tenía dos niños. Me dijo que estaba feliz. Que su esposo era un buen hombre, que juntos trabajaban para sacar adelante a sus hijos. 

Le pregunté si había continuado con sus estudios. Solo pude terminar diversificado -me dijo-, yo sentí alegría de que haya podido estudiar, y en verdad quise que tuviera más oportunidades aún de seguir. 

Me dijo que era de San Marcos, que había vivido en Villa Hermosa con sus abuelos. Eso explicaba al menos un poco ese recuerdo que me vino un día. 

 Creo que era segundo, o tercero primaria. Es algo borroso todo. Solo sé que llego una niña que vestía de corte y güipil, era ella, Susana. Creo que era la única niña con su traje Maya, no lo sé, lo cierto es que recuerdo que a muchos nos parecía muy diferente, y que fuimos muy malos molestándola cuando llegó. Entonces esa escena, estamos murmurando, entonces alguien me dice que vaya y la toque, y yo voy, le tocó el hombro y salgo corriendo, todos se ríen y yo también. 

Después de eso no recuerdo más. Solo sé que no la vi más. ¿Qué pasaría con ella? ¿Siguió estudiando? ¿Fue la presión del grupo la que hizo que no llegara más a la escuela, o llegó pero no la recuerdo? 

Solo tenía este recuerdo, y su rostro, y su nombre, Susana. 

No pude contarle todo esto. Quiero contarle que un día alguien me hizo ver toda la belleza de los trajes mayas, quiero decirle que escribí una canción para la mujer indígena, que pienso que engalana nuestro país con su belleza, con su pelo negro, liso, con su piel morena, con los colores de su güipil, de su corte, de su perraje, de su corazón humilde y lleno de fuerza, de su sagacidad e inteligencia. 

Quiero pedirle disculpas, aunque en ese entonces ni siquiera sabía lo que hacía,  quiero cantarle Particularmente bella y decirle que gracias por ser valiente, por haber seguido hasta aquí, quiero decirle que admiro su herencia ancestral, su lengua materna, su coraje de avanzar con el viento en contra.

Me dijo que trabaja en Burguer, y estoy expectante de coincidir otra vez. 

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