Pequeña audaz 

Había visto lo suficiente como para saber que los niños eran muy tímidos en esa aldea.
Pero ella no, se quedó en el camino y me miró fijamente. 
Hola- me dijo cuando me iba acercando.
Hola- respondí, sorprendido de su voz firme y su actitud. 
¿A dónde vas? Preguntó
Voy camino a puerta del cielo, y luego a la plaza, me dijeron que ahí venden comida. Es por aquí ¿verdad? 
Si, es por ahí, recto, señaló.
¿Cómo te llamas? le pregunté.
Marisbela
¿Marisbela? 
Si, me dijo.
Yo soy Jhonny.
Vi que su mamá la observaba, me sonrió. Sospeché que su mamá sabía que su hija es audaz. 
Adiós Marisbela dije, 

adiós respondió, aunque para mí se quedó más tiempo, la llevé en mi mente y quise retratar nuestro encuentro en palabras para no olvidarla.
3 de agosto 2017 

-Caminando por la Aldea Tiucoyg-

Me cuesta mucho seguirte Jesús,

tus pasos ágiles, 

tan libres del peso de esta humanidad.

Tú dices que puedo caminar sobre el agua, 

me dices que vaya,

pero la verdad es que los vientos y las olas,

son más fuertes que mi fe en ti.

Yo te puedo ver,

¡Pero es que mis pies se hunden!
No puedo comprender por qué me dices que tengo que dar la otra mejilla. 

No se distinguir cuando es momento de tirar las mesas del templo porque lo han profanado. No sé cuando deben pagar ojo por ojo y diente por diente los injustos, y cuando debo dar hasta el abrigo si solo me piden la camisa. 

¿Sabes lo difícil que ha sido para mí andar con dos ojos que se inclinan a caer? 

¿Con pies que se apresuran a hacer el mal? 

¿Con manos fuertes, ágiles para hacer maldad? 
No puedo con tus palabras Jesús, me hacen llorar. 
¿Cómo se supone que uno puede vivir con palabras de vida y al mismo tiempo llevando en uno mismo las contradicciones de una naturaleza que se inclina por los caminos de muerte? 
¿Cómo puedes decir que soy luz del mundo cuando puedo palpar mi oscuridad? 

¿Cómo puedes decir que soy sal del mundo, si el sabor de mi vida a veces no pasa de lo agrio a lo  incipido? 
¿Quién eres tú Jesús de Nazaret? 

Susana

La vi entrar y la reconocí. Se sentó a la par mía. De alguna manera había pedido la oportunidad de que esto pasara, entonces le hablé. 

Yo la conozco, estudiamos juntos -le dije-. 

Susana ¿verdad? (Fue tan genial que recordara su nombre. No sé cómo me vino a la mente en ese momento, porque no sabía que lo recordaba).

Si, respondió tímida y sorprendida. 

Estudiamos juntos en primaria. En la escuela del Sector 8, en Villa hermosa. ¡Fue hace tanto!  ¡Hace unos 20 años! Quizá no me recuerda. 

No, me dijo, no lo recuerdo. 

Está bien. Es que la otra vez usted subió a un taxi en el que venía, y me pareció conocida. 

No le dije que en el último tiempo la había recordado con culpa, deseando que estuviera bien, que de verdad estuviera bien. 

Me contó que trabajaba en Burguer, que vivía en la Reformita, que estaba casada y tenía dos niños. Me dijo que estaba feliz. Que su esposo era un buen hombre, que juntos trabajaban para sacar adelante a sus hijos. 

Le pregunté si había continuado con sus estudios. Solo pude terminar diversificado -me dijo-, yo sentí alegría de que haya podido estudiar, y en verdad quise que tuviera más oportunidades aún de seguir. 

Me dijo que era de San Marcos, que había vivido en Villa Hermosa con sus abuelos. Eso explicaba al menos un poco ese recuerdo que me vino un día. 

 Creo que era segundo, o tercero primaria. Es algo borroso todo. Solo sé que llego una niña que vestía de corte y güipil, era ella, Susana. Creo que era la única niña con su traje Maya, no lo sé, lo cierto es que recuerdo que a muchos nos parecía muy diferente, y que fuimos muy malos molestándola cuando llegó. Entonces esa escena, estamos murmurando, entonces alguien me dice que vaya y la toque, y yo voy, le tocó el hombro y salgo corriendo, todos se ríen y yo también. 

Después de eso no recuerdo más. Solo sé que no la vi más. ¿Qué pasaría con ella? ¿Siguió estudiando? ¿Fue la presión del grupo la que hizo que no llegara más a la escuela, o llegó pero no la recuerdo? 

Solo tenía este recuerdo, y su rostro, y su nombre, Susana. 

No pude contarle todo esto. Quiero contarle que un día alguien me hizo ver toda la belleza de los trajes mayas, quiero decirle que escribí una canción para la mujer indígena, que pienso que engalana nuestro país con su belleza, con su pelo negro, liso, con su piel morena, con los colores de su güipil, de su corte, de su perraje, de su corazón humilde y lleno de fuerza, de su sagacidad e inteligencia. 

Quiero pedirle disculpas, aunque en ese entonces ni siquiera sabía lo que hacía,  quiero cantarle Particularmente bella y decirle que gracias por ser valiente, por haber seguido hasta aquí, quiero decirle que admiro su herencia ancestral, su lengua materna, su coraje de avanzar con el viento en contra.

Me dijo que trabaja en Burguer, y estoy expectante de coincidir otra vez. 

“No entres a esta ciudad…”

Doña Fidelina no está,
en esa esquina donde el sol
siempre la encuentra,
y la deja vendiendo.

Me pregunto
si todo el que pasa o quien compra,
la ha visto cansada,
cuando cruza las manos
cierra los ojos
y duerme cabeceando
en las pausas,
de su venta ambulante.

Doña Fidelina tiene una hija…
apenas tres años de inocencia,
la he visto jugando al escondite
entre un basurero de concreto.
Es que ahí puede esconder su sonrisa curiosa,
su rostro manchado,
y toda la pobreza
que desconoce que tiene
en la ternura de su rostro,
y asomarlo juguetona
a la vista de todo el que pasa.

Y cuando Azucena duerme tendida
en el mismo suelo que es el paso de todos.
¿Alguien se pregunta si esto es normal?
¿Por qué una mujer con su hija vende en la calle?
¿Por qué una niña juega en un basurero?
¿Por qué doña Fidelina cierra los ojos cansada?
¿Dónde está ahora?
¿Qué ha pasado con ella estas cuatro semanas?

Doña Fidelina estaba embarazada,
la última vez que la vi
su vientre había crecido
lo suficiente para suponer
que es la razón de su ausencia.

Azucena miraba todos los días
a los sancarlistas pasar.
¿Pueden los sancarlistas mirarla también?
Doña Fidelina se pasaba todo el día en la esquina.
¿Alguien sabe que no está?

“No entres a esta ciudad del Espíritu
sin bien probado amor a la verdad
y a la libertad”(1)
Sigue diciendo una voz
en la misma calle donde a veces
juega y descansa Azucena,
donde entrecierra los ojos doña Fidelina,
cansada…

Y yo me pregunto
¿Qué vamos a hacer estudiantes?
¿Es todo esto normal?
Como doña Fidelina hay muchas mujeres igual
Y como Azucena también.

Tal vez,
sino cambian las cosas
cuando vuelva Fidelina
¿Traerá en sus brazos un niño, una niña?
¿En un futuro habrán dos niños jugando
en un basurero de concreto?

Azucena regresará un día,
y encontrará el mismo espacio
para hacer su venta en la esquina.

Azucena miraba todos los días
a los sancarlistas pasar.
¿Pueden los sancarlistas mirarla también?
Doña Fidelina se pasaba todo el día en la esquina.
¿Alguien sabe que no está?

 

 

1.- Fragmento de “UNIVERSITARIO”, en la entrada de la USAC. Dr. Carlos Martínez Durán. Rector de la USAC (1945-1950 y 1958-1962)

Tal vez será que llueve

No sé qué tienen estos días
o qué tengo yo,
tal vez será que llueve,
y que la lluvia como puede ser alegre,
también es triste.
Tal vez será el calor que precede la lluvia,
o la falta de un calor humano.
 
Es solo que a veces los grifos del alma también se llenan de presión,
de emociones fuertes,
¿no les pasa que ven su alrededor y sienten ganas de llorar?
¿Les ha pasado que se ven un día ante tanta tragedia y se sienten impotentes?
Por eso cuando siento el viento fresco de la lluvia, y sé que va a llover,
como que me dan ganas de llorar con el cielo.

Uno se queda prendido viendo las gotas caer y como que las gotas traen música, la música recuerdos, y los recuerdos esperanza.

Me pregunto qué pasaría si a una toda Guatemala llorara con la lluvia, en el campo, en las calles, en las casas, los edificios, frente a todas las ventanas y las puertas, ante el cielo y la montaña… tal vez se liberaría con la mezcla de agua y lágrimas, ese torrente de humanidad que dejamos entre el ego y el orgullo. Porque finalmente ¿quién tiene prisa ante la tormenta? ¿A quién le importa realmente llegar a tiempo cuando la lluvia y el viento nos recuerdan el valor sagrado de la vida?

No sé qué tienen estos días, tal vez será que llueve, y que la lluvia como puede ser alegre, también es triste. Tal vez será el calor que precede la lluvia, o la falta de un calor humano.

La tranquilidad de una Laguna

Continuación de “Correr con un río en la mente”…

Cuando entré por primera vez al sendero me pareció hermoso, en realidad no sabía que lo recorrería seis veces… la primera vez me detuve a leer todos los letreros que me encontré en el camino, por lo que fue lento y placentero. La salida de la mañana del domingo fue corriendo y la segunda entrada la hice cansado, ya la frescura del río se me había quedado en una parte del camino, quizá con el sol abrazador, tal vez se la llevó uno de los carros que no me quizo dar jalón, el polvo del último tramo de terracería, o tal vez fue porque de pronto, mientras corría, se me vino la vida con todas las cosas que he dejado a medias. Las piernas me dolían un montón, andaba unos kilómetros en cada una, me pesaba todo; el sol, los carros, el polvo, también los años y el luto de evocar aquellas cosas que no pudieron ser, tantos sueños atrapados en algún lugar. He sido un trotamundos, he sido un soñador, ojalá pudiera sostenerme de estas cosas, ojalá contara en mi carrera, ojalá…

Comprobé lo que decían los letreros, este es un bosque subtropical, decía que de éste en particular, la riqueza no estaba en el suelo, sino en los árboles, en las hojas que iban cayendo y que formaban una capa en el suelo. Pude ver en el sendero un suelo blanco, y sobre él una capa negra que se había formado por las hojas y los años. Sentí el olor de los árboles, la brisa, ya no tenía calor, el sendero era fresco y tranquilo. Entonces pensé que quizá con las condiciones ideales, cualquier suelo podría tener tanta riqueza como este, dar tanta vida como este. Uno de los letreros decía que esta tierra no era buena para el cultivo, que si talaran los árboles y quitaran el bosque, tendrían una tierra infertil, entonces esta era una tierra infertil que las condiciones perfectas conviertieron en el hogar de tantas especies de animales, de tanta diversidad biológica, es una fabrica de vida, eso era ese lugar, una fuente de vida.

En mi primer día conocí a don Carlos, un anciano de unos 70-80 años, cuidaba celosamente (ya sabrán porqué) el parque ecológico Lachua, llevaba 17 años trabajando para el INAB como guardián de la Laguna… esa tarde del primer día dormí y en la cena conocí a dos chicas extranjeras que hacían su tesis ahí en el Parque, estudiantes de biología, tenían tres meses de estar en Guatemala y muchas preguntas sobre la capital y los guatemaltecos. Fue tan genial conversar a la luz de una candela, disfruté tanto esa noche.

Pues llegué otra vez a la laguna, tenía hambre, mucha hambre. Saludé a don Carlos, salí a correr le dije, ah bueno, por eso no lo vi toda la mañana respondió. Sí mire, me fui a conocer el río Chixoy. ¿Se fue corriendo? Sí, por eso tengo hambre. Comí con él, me dijo que estaba 15 días ahí, y 15 días en su casa. Que le gustaba estar ahí, que hablaba con los animales que llegaban a comerse la basura orgánica que ponía cerca de la cocina, especialmente a los tepezcuintles, que no tenían miedo cuando él estaba sólo. Me dijo que antes tenían el sistema de luz solar, que las baterías eran para 2 años y que habían durado 4 años porque ellos las cuidaban bien, que ahora tenía que ser cuidadoso con su horario porque a partir de las 6 ya no podía trabajar, no se mira nada decía.

Ojalá esté despejado hoy me dijo don Carlos, viera que en la noche hay una estrella que me gusta ver, porque se refleja en la laguna. Dormí un poco y regresé para el atardecer, también quería ver la estrella. Estaba solo con don Carlos, todos se habían ido. Bueno, eso creí. Cuando fuí a la Laguna para ver el atardecer, encontré que estaba un francés, Devi, súper alto, tez negra y una rasta bien chilera. Masticaba un poco el español, y me entendía si hablaba despacio. Estudiaba algo de negocios internacionales, vivía en París, era originario de una Isla, Candelaria (creo), estaba de vacaciones en Guatemala, y venía de San Marcos la Laguna, había llegado en la mañana, se instaló en el muelle sin decirle a don Carlos. Le dije que era importante avisarle a don Carlos que estaba ahí. Que posiblemente no lo dejaría dormir en el muelle, lo había escuchado hablar de esto. Me dijo que quería dormir ahí y no en una cabaña. Esto último sería el inicio de una aventura que nos haría reír hasta llorar.

Tal como dijo don Carlos, la laguna era el reflejo del cielo, las nubes eran hermosas, seguramente aparecería la estrella. De los lugares que visitaste en Guate, ¿cual es tu favorito? le dije a Devi; mmm.. este me dijo… he estado aquí toda la tarde, sólo. It’s magic, It’s so magic. Aquel era un desconocido, yo también, no sé a dónde se fueron las cosas con las que entré por segunda vez al sendero, los kilómetros recorridos, el polvo, los sueños atrapados, los años. En ese momento algunas hojas, como todos los días, estaban cayendo, la riqueza estaba en los árboles de un suelo infertil, ese suelo, que estaba cubierto de ese bosque, era el escenario de una tarde que un extranjero llamó mágica, en la tranquilidad de una laguna.

Continuará…

Correr con un río en la mente

El domingo decidí salir a correr, había tenido una noche reparadora en este lugar tan maravilloso, el sendero no solo me había adentrado literalmente a la laguna, me condujo a su tranquilidad. Eran 4k de salida, al correrlo para salir me di cuenta de cosas que no había percibido. Mientras corría recordé que me dijeron que el Ixcán quedaba cerca, decidí preguntar. Cuando llegué a la salida me dieron información, eran 15k, más los 4k que había corrido era mucho, pregunté qué había antes, me hablaron del río Chixoy, a 10k… me ilusioné de ir, y comencé a correr. Eran las 10am, y el sol ya pegaba fuerte.

No llevaba mi billetera, no llevaba agua, sólo llevaba las ganas de conocer un río, de bañarme ahí, de correr como Forrest Gump… hasta me imaginé como sería correr por toda Guatemala. Hubo momentos donde no habían árboles y el sol pegaba directo. Llegué a una primera aldea, necesitaba agua, había un hombre sentado frente a su casa, don Paulo. Le dije que venía de Lachua, que si tendría un vaso de agua, me dijo que sí, que era del poso y estaba muy limpia, fue muy generoso y amable. Me preguntó que de donde era, me contó de él, lo que hacía, de su familia. Nos despedimos como si fuera la primera y última vez que nos veríamos. Seguí corriendo, llegué a la siguiente aldea y luego un espacio largo de puro asfalto, sin árboles, el sol ahí, deslumbrante, no sé qué pensaba la gente viéndome correr, pero yo iba pensando en lo genial que sería el río Chixoy. Don Paulo me dijo que cuando fuera llegando, iba a escuchar cuando los carros pasaban por el puente, que esa era la señal de que estaba cerca. Ya estaba agotado cuando llegué a una gasolinera, a preguntar por el río iba, cuando escuché el ruido que me dijo don Paulo, se me fue el cansancio y por fin miré el puente… viejo, de metal, por eso hacía ese ruído.

El río era ancho… don Gerson en la salida de Lachua me recomendó cruzar el puente y bañarme del otro lado, porque habían rocas y era más seguro, y cuando uno no conoce un río hay que tener mucho cuidado me dijo. Le hice caso, crucé, bajé y cabal, ahí estaban las rocas. Ja! el agua fresca me hizo sentir que aún con el sol valió la pena, se me fue el cansancio y me vino el miedo de que un cocodrilo anduviera por ahí… pues, es que me dijeron que en la laguna si habían ¿cómo no podían haber aquí, con semejante belleza de río… así que mis movimientos fueron cautelosos, me quedé pegadito a las rocas. Tnee, salí un poquito, pero regresaba rapidito. Me estuve ahí como media hora. La verdad lo disfruté tanto. Solo que cada que pasaba un carro sentía que el puente se venía abajo. Pero ese río tenía paz, y yo también.

Fue hasta que subí que caí en la cuenta que tenía que regresar todo lo que corrí, y que el sol estaba fuerte… já, pero yo también, y súper fresco. Pensé; tal vez me dan jalón, y probé… y qué… hasta una moto le pedí jalón y no me dió. Después de sentirme recha, me sentí triste, y luego enojado. ¿Quien te manda a correr tan lejos pues? Si puuuuueeeees, pero que mala onda la gente, ¿un jalón? ni que les fuera a hacer algo… comencé a correr… estaba muy fresco y el sol como sino me daba.

Entonces, corriendo, me vino otro pensamiento: hacete cargo de lo que decidís hacer. Y éste soltó otros más… siempre dejás las cosas así, a medias. Pensás en algo genial y no tomás en cuenta todo, comenzás algo y luego en algún momento querés que otros se hagan cargo de algo que decidiste vos. Bañarte en el río Chixoy también incluía esta parte. ¿Por qué no lo pudiste ver? Ahí me recordé que hace poco una amiga me dijo que yo hacía las cosas con pasión, pero que cuando ya no estaba apasionado lo dejaba.

Entonces me ví en el conservatorio, en la asociación de estudiantes del conser, en el año que llegaba todos los días y me encerraba en un cuarto a estudiar guitarra, luego en la u, en italiano, en Inglés, en la carrera de letras, en la de arte, en las ideas de cantar ópera, en mi guitarra, en las canciones, en el concierto del lanzamiento del disco (que todavía debo una parte), en las veces que comencé el gimnasio, en el libro que quiero escribir… en la carpintería… en mi trabajo en la iglesia, en swat, en la tarde aquella cuando estaba pintando la casa y alguien tiró la pelota, y manchó lo que había hecho, y lloré. Recordé que perdí cuarto primaria, y aquella escena cuando mi papá me dijo que porque tenía una operación quería que yo estudiara, y también cuando me dijo después de primero básico que debía pagar mis estudios porque no podían apoyarme… recordé que en tercero básico me quedé en el último bimestre, pero mis notas me salvaron. Recordé el bachillerato, que no llegué a la graduación porque me pasó lo mismo, pero tenía buenas notas. Recordé cuando era maestro de música, y dirigiéndome al trabajo decidía ir al zoológico, o a un parque y escribir. Recordé que tengo 30 años y no me he graduado. Entonces paré de correr, porque ya era mucho, y no, uno no puede con tantas cosas encima, y un sol tan abrasador…

Pasé por la casa de don Paulo otra vez, ya no estaba, se fue a hacer un mandado me dijo su hijo. Me dió agua, le pregunté que hacía, estaba trabajando un rótulo de 3ro básico, se lo dejó de tarea el profe de artes industriales. Hablamos un poquito, de nuevo la sensación de despedirme por primera y última vez al mismo tiempo. Corrí más, mis piernas me dolían… llegué a una parte de terracería, y ahí ya no aguantaba, corría y caminaba por ratos. Cuando los carros pasaban levantaban el polvo. Supongo que así son las cosas pensé, esto también es parte del río Chixoy, de nadar pegadito a las rocas, de la frescura del agua, del sonido del puente que me alegró porque ya estaba cerca… de esa media hora de paz. Así llegué a la entrada de Lachuá. Me restaban 4k de sendero. Esta vez entré de luto, por todas aquellas cosas que no cerré, en silencio…

continuará….