Como una semilla

Germinacion-semilla

 

Como una semilla que
un sembrador cultivó.
Su voz divina
envolviendo la vida.

Pequeñas hojas
emergiendo del suelo.
¡Respiren la esperanza en el viento!
¡Extiéndanse al cielo!
¡Sientan con la lluvia libertad!

Artesano de los suelos,
el abono en tu presencia,
la vida en tus manos.
Vas hundiendo mis raíces
en tu reino,
y lloro de esperanza
con el viento entre mis ramas.
Te siento en la tormenta.

Como semilla
de un noble agricultor.
En suelo de tristeza
brotan hojas de alegría con sus pasos.

La frescura de los frutos
al cansado en el camino.
El descanso de la sombra
en el árido paisaje.

Artesano de los suelos,
hazme un árbol junto al río,
cual frondosa
ceiba con su gamba.
Entreteje en mi corteza
el amor que viene con tu luz.

 

La Palma, Chalatenango, El Salvador, ENFOL 2016

Te comprendo

Te comprendo, le dijo la palmera,
al tipo introvertido, meditabundo,
sentado a la orilla del mar.

Yo también recibo los fuertes vientos
del vasto mar.
Como las tardes serenas
de un cielo encantado.

A mí también me alcanzan las olas
y me inundan la vida.
También escucho los truenos,
y temo al relámpago,
en la tormenta de noche.

Yo también escucho el silbido apacible,
de las estrellas y la luna
reflejada en el mar.

Puedo contemplar los trazos
del pincel de Dios en mi cielo.
Y puedo escuchar su silencio rotundo,
cuando me envuelve la noche oscura.

A mí también me pega en el rostro
la tranquila brisa del mar.
Como el viento recio de un huracán.

Te comprendo, le dijo otra vez,
yo también tengo raíces
en suelo arenoso.
Yo también estoy más adentro,
que afuera.

A mí también me sacuden los vientos,
la vida, la calma… el alma.
A mí también me recorre la lluvia
en el rostro.
Y el cálido sol me sonríe cercano,
susurrándome vida…

Atención 

La atención es una virtud de quién a comprendido que todo tiene su tiempo. Y ha distinguido entre todos los tiempos, el tiempo que corresponde ahora. 
No es fácil concentrarse con una mente ágil, que tiene la capacidad de ir de un lugar a otro, de un tiempo a otro. Se puede estar aquí, y la mente allá. Se puede estar presente y ausente en solo momento. Se puede estar en el ahora, en antes o el después. 
Uno debe entonces, asegurarse, de vivir estando allí, donde se está presente. Bajo esta perspectiva la presencia de uno, la atención, se convierte en un esfuerzo de encaminar no sólo el cuerpo, sino llevar consigo el alma y el espíritu. 

Es difícil concentrarse con un corazón inquieto que lleva a la mente tan lejos como siente. Quién puede, por ejemplo, estar presente, cuando hay tristeza en el alma… El cuerpo puede, la mente está distante, la atención difusa… 

Los pueblos aquí 

Los pueblos aquí tienen una magia insondable que no sé cómo explicar.
Miren, apenas tengo algunas imágenes que me ayudan a concluir en esta idea.

Un día por ejemplo, mientras viajaba para Zaragoza, me bajé en el mercado de Chimal para subir a otro bus que saliera más rápido. Entonces vi un bus que iba para Yepocapa, donde todas las personas que iban en la ventana eran mujeres, y todas portaban un traje regional.
Ustedes no saben cómo se puso mi corazón.

Otro día, íbamos con unos amigos a Hobittenango, nos desviamos en San Lucas para meternos por San Bartolo, y por ahí agarrar otra carretera que va para la Antigua. Llegamos a un lugar donde las montañas abarcaban toda la vista, y las casas tan sencillas, pero tan bonitas, y los cultivos de maíz, adornaban las laderas.

Pasábamos por ahí cuando unos niños salieron a la orilla de la carretera, por un caminito de tierra, y corrían con tanta felicidad persiguiendo el carro dónde íbamos. Ustedes hubieran visto el rostro de esos niños y niñas.
¡Ellos llevaban vida en sus sonrisas!

La otra vez, un amigo me invitó a tocar a Godinez, a un bar que estaban inaugurando sus amigos, uno se puede ir a Godinez por Patzún. Por ese camino los terrenos y las montañas tienen algo especial, mágico… además hay tanto frío!

Cómo disfruté estar ahí, hacer música en un lugar de magia!
Ese día sucedieron varias cosas muy lindas, y también algo extraño, no comprendí en ese momento.

Comenzaré con lo último.

Había un público muy bonito escuchándome, era gente de por ahí. De repente, llegó un picop, bajó de él una familia, reconocí el traje de Todos Santos Cuchumatanes, en el que supongo, era el padre de familia. Iban dos mujeres adultas y dos niñas. Se sentaron, ordenaron algo de comer y escucharon.
Para ese entonces ya había cantado “Particularmente bella”, una canción que habla de la belleza de la mujer indígena, y de los trajes regionales. Después de cantar un par de canciones, quise cantar de nuevo particularmente bella, y dedicarla a esas mujeres y niñas que se veían súper lindas con sus trajes.
Presenté la canción, dije que estaba escrita para ellas, que portaban su traje regional. Al nomás terminar, en un acto que no comprendí, aceleraron su forma de comer, y salieron…
Recuerdo que pregunté a mi amigo si había dicho o hecho mal con dedicar la canción.

Me vine pensando en eso a mi regreso a la capital, y pasé con esa escena durante un tiempo.

Un tiempo después pensé: si, tenemos una historia. ¿Hace cuanto tiempo los ladinos hemos discriminado a la población indígena? Mi rostro, mi color, mi mestizaje, representa históricamente la burla, la opresión, el engaño, el racismo, el rechazo…

Entonces comprendí, un halago entre todas estas cosas podría pasar por burla, sarcasmo, falsedad, intensiones mezquinas.

Qué triste que no hayamos visto antes, la magia que hay aquí.
Los pueblos aquí tienen una magia insondable que no sé cómo explicar.

Ese mismo día, al terminar de cantar, una pareja de jovencitos se sentó conmigo a la mesa, junto con el amigo que me invitó a cantar. Me parecían tan linda esa pareja. Yo estaba muy interesado en saber de ellos. Resulta que estaban casados, apenas unos meses, ella tendría unos 18 y él 19.

Me contaron con alegría que se dedicaban al cultivo de maíz. Tenían un su terrenito cerca de la casa. Ahí trabajaban juntos, además sembraban otras cosas, no recuerdo ahora. Estaban estudiando los sábados en la universidad. Yo los veía tan felices. Realmente los envidié tanto. Ellos tenían una cosa muy hermosa, tenían amor, se les miraba en los ojos, se tenían a ellos.
¿Cuándo fue que nos hizo falta más para vivir?

Y así puedo seguir. Los pueblos aquí tienen una magia insondable que no sé cómo explicar. Miren, apenas tengo algunas imágenes que me ayudan a concluir en esta idea. Creo que tienen algo que en la ciudad se diluye, humanidad, creo yo.

Don Miguel 

  
Este es don Miguel, tengo esta foto, una grabación donde me cuenta su historia muy brevemente, y su DPI, sin que lo usara una sola vez.  Lo conocí en lo que serían los últimos días de su vida. 

Todos los días en la mañana podían encontrar a don Miguel en la entrada a la Usac por la ave. Petapa. Un día, después de un tiempo que solo lo saludaba cada que pasaba,  me pidió favor de llevarlo a la otra entrada de la u, accedí. 

Esa vez supe un poco más del señor de la silla de ruedas que no tenía una pierna, y que estaba todos los días en la mañana pidiendo limosna. Esa vez supe que se llamaba Miguel y que era oriundo de la capital, que no tenía familia, que alquilaba un cuarto por el mercado de la reformita, y que había tenido un accidente en un bus,  cuando iba a su trabajo de mensajero, y que ahí perdió la pierna. Me contó que estaba en un proceso de rehabilitación porque era adicto al alcohol, más tarde me contaría que prácticamente había estado en todos los centros de rehabilitación conocidos, lo comprobé cuando le hablé de unos que están cerca de mi casa y sabía dónde se ubicaban y quienes eran los dueños. 

Esa primera vez me contó que tenía temor por su silla de ruedas, que veía que pronto lo dejaría tirado, literalmente. 

Le dije que pensaría en algo y que quizá podría ayudarlo. De esta manera comenzó nuestra relación con don Miguel. Un tiempo después, una compañera de clases, con una buena cámara, le tomó esta foto, y un vídeo mostrando las partes débiles y oxidadas de la silla de ruedas. 

Yo tenía apenas una idea de que hacer, lo compartiría con mis amigos del GEU (Grupo Evangélico Universitario) lo postraríamos en Facebook, iniciaríamos una colecta y listo, compraríamos la silla a don Miguel, no sé porque exactamente no lo hice. 

El tiempo pasó y don Miguel siempre me preguntaba, cuando averiguamos de diferentes maneras de conseguir la silla para tener otras alternativas, descubrimos una, habían organizaciones que donaban sillas, pero don Miguel no tenía DPI, fuimos a Pacific Center, hicimos los trámites. Don Miguel nunca había sacado su DPI. ¿Para qué? me dijo, sino me sirve de nada. De todas formas no me dan trabajo. Esa tarde me contó que había estado en la cárcel muchas veces. 

Si yo le contara mi historia dejaría de ayudarme don Jhonny, yo fui muy malo me decía, me lo dijo varias veces, yo estoy pagando lo que hice -concluía y se quedaba en silencio. 

Un tiempo después, fuimos por el DPI. Hubieron días, semanas, en que don Miguel se desaparecía. De repente aparecía y me decía que había estado tomando, que ya no estaba en el cuarto que alquilaba, que lo llevaron de nuevo al centro de rehabilitación, que lo sacaron del centro de rehabilitación, que no lo admitían en el cuarto, que ahora estaba en un hotel y debía pagar diario su hospedaje. Me contaba que quería irse lejos. Quizá en Xela me va mejor-  decía, allá las cosas cambiarían. 

A todo esto con el GEU hicimos una venta de fotos y logramos recaudar algo de dinero, iba destinado a la silla de don Miguel. 

Varias veces lo vi muy mal, con los ojos rojos, con olor a alcohol puro. Varias veces lo pase de la ave. Petapa a la otra entrada y un día de esos le dije, usted me tiene que contar su historia don Miguel, me gustaría escucharlo, pero así con todo lo que ha hecho. 

Poco a poco dejaba ir más datos sobre él. Supe que se había casado pero su esposa lo dejo hace mucho, y que nunca la volvió a ver. Supe que comenzó a robar después de la muerte de su abuela. 
Una vez le dije que quizá habían cosas a las que la sociedad arrastra a las personas y terminaban haciendo algo que no querían hacer. ¿Cómo qué? Me dijo. Como no tener dinero, como no estudiar y no tener empleo y verse involucrado en robos por eso mismo. No, me dijo, mi abuela tenía dinero, yo siempre tuve posibilidad de estudiar pero no quise… Cuando mi abuela murió cambiaron las cosas, mi mama estaba sola, y yo comencé a robar.. 
En los últimos días supe que tenía hepatitis, sus ojos se veían amarillos. Su estómago creció y varias veces lo vi vomitar. Un día cuando andaba lúcido, casi llegando navidad, me dijo que estaría solo en esos días, le dije que me gustaría invitarlo a comer. Esa vez desayunamos en burguer, andaba bien tranquilo, me contó de sus amores, y lo vi reír un montón. 

Mire pues don Miguel, hay esperanza -le dije cuando íbamos saliendo, usted puede reconstruir su vida. No, -me respondió, usted no sabe que es tener un vicio me dijo. Siendo honesto, mientras hablábamos aquí comencé a desesperarme por un trago, cuando salgamos voy a buscar uno. 

Los últimos días de diciembre  lo vi y estaba muy mal, estaba durmiendo bajo el puente a desnivel que lleva al periférico, frente a la gasolinera Shell… Me pidió una sábana y un pantalón nuevo. No quizo recibirme un sleeping porque dijo que era muy grande para andarlo llevando. Solo me pedía agua caliente cuando le preguntaba si ya había comido. Un día con un amigo le llevamos agua caliente en la noche, ahí en el puente. Se negó a pagar hotel otra vez, aunque le conseguimos lo de la noche. 

Al regresar en enero, lo busqué varias veces y no lo vi, comenzaba a sospechar. Una semana después se me ocurrió que los señores que venden shucos en la esquina de la Shell sabrían algo. Fui y les pregunté por don Miguel. ¿El de la silla de ruedas? Si, le dije. En los primeros días de enero lo encontraron muerto bajo el paso  a desnivel, con su silla y sus cosas. 

Me quedé con muchas emociones ese día, nunca le dimos una silla. 

Don Miguel no tuvo una vela, un entierro, nadie lloró por él. Don Miguel murió en una noche silenciosa, con el ruido de los carros pasando por las calles de la u… No sé cuántos han preguntado por él. Quise registrar lo que sé de su historia. 

En memoria de don Miguel. 

La mirada

¿Cuán hermosa puede ser una mirada?

He pensado que tal vez se pueda calcular, de acuerdo a las experiencias compartidas y las historias que se leen, recordando, al mirar los ojos.

Tal vez se deben medir las lágrimas de alegría, y las de dolor, para tener idea de cómo se mira el mundo, desde esos ojos.

Tal vez aquel que ha sido testigo y puede dar cuenta de estas cosas, podrá también identificar todas facetas de una mirada; la de nostalgia que puede estar en una sonrisa, la mirada perdida, la fuerte y segura, la que pide un abrazo y la que ordena distancia. La mirada que oculta y la que explica todo, la que llora sin lágrimas y la que es feliz y no tiene sonrisa.

Tal vez aquel que haya ofrecido tanto tiempo para detenerse a observar así una vida, tendrá el honor de encontrar entre todas las miradas, aquella que descubre el corazón para dejar pasar, la que sella para no olvidar jamás, la más difícil y hermosa, la que surge sólo cuando se alinean y fusionan las vidas en un sólo camino, esa que lleva en los ojos, encendido el amor…

 

Publicado por primera vez el 6 de enero de 2014 en mi perfil de facebook.